25 de enero de 2007

La Globalización



“Mediante los acuerdos internacionales, la internacionalización de los procesos de decisión política, las crecientes dependencias en política de seguridad e incluso el tráfico de mercancías y la división del Trabajo en el ámbito internacional... la política nacional-estatal pierde eso mismo que ha venido constituyendo el núcleo de su poder como tal: Su soberanía.”
David Held


''No es una exageración decir que el futuro de la especie humana depende de si estas fuerzas (de rebelión contra el neoliberalismo) pueden llegar a ser suficientemente fuertes, movilizadas y organizadas para contrarrestar el oleaje en la otra dirección''
Noam Chomsky

La mundialización o globalización, como prefieren denominarla los anglosajones, entendida como explotación, ha existido en todas las épocas, pero la novedad actual consiste en la introducción de técnicas nuevas, Internet y los medios de comunicación. Con la caída del muro de Berlín desapareció la única oposición a la expansión capitalista que, desde entonces, ha intensificado su dominio sobre los mercados mundiales, organizando una red especulativa y financiera no controlada por los gobiernos. La mundialización como fenómeno dinámico, global e interdependiente ha logrado la exportación de un determinado modelo económico, posibilitada tecnológicamente y facilitada políticamente. Así:
“se ha impuesto la idea del pensamiento neoliberal y de la liberalización, de modo que los gobiernos han suprimido los controles a los movimientos financieros y las grandes empresas han conseguido gobernar por encima de los gobiernos, en una muestra de dejación en el que el poder político ha cedido al económico”.
Los ideólogos de la mundialización afirman que esta red traerá la riqueza para todos como consecuencia inevitable del progreso técnico. La filosofía financiera es la de un mercado sin controles, que sólo ahonda el foso entre los países ricos y los pobres. La mundialización, que es económica y financiera, tiene como objetivo transformar la realidad del mundo en un mercado. La frase: “el mercado es la libertad”, es en sí una contradicción, porque si alguien entra en un mercado a comprar sin dinero, no podrá adquirir nada, sin dinero no hay libertad, lo que evidencia que “la libertad de elegir la da el dinero”. Esto plantea el problema de cómo lograr que el poder político de los gobiernos democráticos vuelva a controlar el hoy supremo poder económico transnacional. Globalización significa ausencia de Estado mundial, socie­dad mundial sin Estado mundial y sin Go­bierno mundial. Stiglitz escribe:

“No se trata de ser enemigo del mercado; lo que es rechazable no es una economía de mercado, sino una sociedad de mercado, que sólo admite los precios y no reconoce los valores (…) Mercantilizar la sociedad es rechazable, porque en la vida hay algo superior a lo económico: los valores”

Las grandes empresas transnacionales que lideran la mundialización han logrado que grandes zonas del planeta queden fuera de la jurisdicción del Estado porque, como afirma Carlos Taibo, los gobernantes de los países no tiene capacidad de decisión porque son las grandes corporaciones financieras quienes dictan las reglas del juego. Por primera vez en la historia estas corporaciones adquieren más poder que un Estado.
La mundialización, para José Bové, persigue reducir la capacidad de decisión de las poblaciones y de los individuos en cuanto a su futuro, quedando éste en función de los intereses capitalistas de las empresas. De esta manera se resta sentido a la democracia, dado que las organizaciones económicas no son democráticas. Recogiendo las palabras de J. Saramago:
“Los políticos no tienen la valentía de confesar que ellos no gobiernan, son simplemente comisarios de las grandes transnacionales”
Las voces críticas con la mundialización afirman que la capacidad de decisión de los ciudadanos se ha visto mermada, ya no existe el “voto gratis”, porque el votante no elige a representantes que tengan un poder real para cambiar las cosas. El sistema económico internacional se dirige desde hace años hacia una amplia liberalización de las operaciones financieras privadas. "Al dejar los gobiernos las manos libres al poder económico privado, los votantes han perdido el control democrático ejercido, en principio, mediante la elección de sus representantes y gobernantes". El voto que realmente cuenta es el de los accionistas de las empresas transnacionales.
El final del Estado-nación, se identifica para algunos autores con el de la democracia. Beck afirma que el Estado transnacional podría ser una respuesta a la globalización, serían Estados cuyo poder de configuración política es fruto de la cooperación. Las respuestas políticas que pueden perfilarse ante la globalidad son coo­peración internacional, Estado transnacional, participación en el capital, reorientación de la política educativa, alianza para el trabajo ciu­dadano; fijación de nuevos objetivos culturales, políticos y económicos; culturas experimenta­les, mercados nicho y autorreconocimiento so­cial, pacto social frente a la exclusión, etc.
Un buen ejemplo del poder de las corporaciones transnacionales lo muestra el volumen de negocios de Exxon Mobil, que es mayor que el PIB de Austria, o el de General Motors, muy superior al PIB de Dinamarca.
Joseph E. Stiglitz ha estudiado durante décadas el desarrollo de la economía mundial, los motivos de las quiebras económicas, los problemas derivados del gobierno de las grandes corporaciones, la apertura de los mercados internacionales y el acceso a la información. Y especialmente se ha centrado en las grandes formaciones económicas que tienen la responsabilidad de favorecer un sistema de relaciones económicas igualitarias: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio. Stiglitz advierte sobre el riesgo de la pérdida de soberanía que pueden experimentar algunos países que necesitan ayuda económica. Dichos países en desarrollo son avisados de que si no cumplen determinadas condiciones, los mercados de capitales o el FMI se negarán a prestarles el dinero que necesitan para su progreso. Así, dichos países son obligados a ceder una parte de su soberanía y dejar que los mercados de capitales "incluidos los especuladores, cuyo único afán es el corto plazo" influyan en sus políticas de desarrollo que han planificado a unos plazos mucho más largos.

EL FONDO MONETARIO INTERNACIONAL Y EL BANCO MUNDIAL
El FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio nacieron en la Conferencia Monetaria y Financiera celebrada en Bretton Woods (New Hampshire) en julio de 1944 por iniciativa de las Naciones Unidas. Estas instituciones no rinden cuentas directamente "ni a los ciudadanos que los pagan ni a aquellos a cuyas vidas afectan". Las ideas que originaron la creación de éstas y las otras instituciones internacionales se basaban en evitar de manera definitiva las crisis estructurales.
El FMI: Es una institución formada por los ministros de Hacienda y por los gobernadores de los Bancos Centrales de los gobiernos del mundo. El poder efectivo del FMI está en manos de los países más industrializados sobre cuyas decisiones Estados Unidos puede ejercer su derecho de veto.
El Banco Mundial: Inicialmente su nombre fue el de Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo. Se creó con el objetivo de prestar dinero a países con dificultades, pero siempre que contase con la aprobación del FMI, que, como institución supranacional, puede aportar dinero a aquellas naciones en recesión con el objetivo de que adopten políticas más expansivas que las que escogerían por sí solos. El FMI actúa propiciando los intereses de los mercados financieros, en lugar de aplicar los recursos a ayudar a los países en dificultades a salir de las mismas.
Desde 1989 el FMI se ocupó de cuestiones macroeconómicas (déficit presupuestario, su política monetaria, su tasa de inflación, su déficit comercial o su deuda externa), y el Banco Mundial se ocupó de las cuestiones estructurales (a qué asignaba el Gobierno del país en cuestión el gasto público, cómo funcionaban las instituciones financieras del país, su mercado laboral o sus políticas comerciales).
El FMI ha derivado desde esos principios hacia un fundamentalismo del mercado volviendo al pensamiento de Adam Smith y su “mano invisible”: es el Estado el que funciona mal y es el mercado el que funciona bien. Así se ha logrado que el poder se concentre en organizaciones que están fuera de todo control democrático. Sus ajustes estructurales en las economías de los países conducen sólo a más miseria, y las intrusiones para sanearlas constituyen un auténtico saqueo. Se produce una coacción sobre países cuya soberanía se encuentra recortada por la deuda externa, y son sus pueblos quienes la pagan con creces.
La ayuda al desarrollo debería ser liderada, más que por el FMI, por el Banco Mundial, porque esta institución responde mejor a las preocupaciones de los países en desarrollo. El Banco Mundial es más sensible a la importancia de la educación y a la necesidad de una base tecnológica.
Según la opinión de Stiglitz, muchos países en desarrollo sin la condonación de la deuda no podrán crecer, porque muchos de los países deudores sólo pueden pagar los intereses de su deuda a los países desarrollados; pero no tienen capacidad económica para nada más.
Es la expansión del modelo establecido por el Consenso de Washington, influido por los economistas "reaganianos", donde el Estado queda definido como un auténtico demonio, los ángeles salvadores son las privatizaciones y se establece un listado de políticas económicas que se consideraron durante los años 1990 por los organismos financieros internacionales y centros económicos con sede en Washington DC como el mejor programa económico para impulsar el crecimiento y que se ajustaba a unos parámetros:
· Disciplina fiscal: que no exista déficit fiscal. Se recomienda estabilizar la proporción deuda-PIB a no más de 0.4.
· La inflación como parámetro central de la economía, alrededor del cual se mueven y se subordinan los otros parámetros, incluso el desempleo.
· la reducción del gasto público. Los subsidios deberán reducirse, incluso eliminarse, en el caso de empresas fiscales deficitarias.
· Reforma Tributaria como alternativa a la reducción del gasto público para paliar el déficit fiscal.
· Tasas de interés que deben ser determinadas por el mercado y, además, tasas de interés real positivas, para incentivar el ahorro.
· Lograr un tipo de cambio "competitivo" como para promover el crecimiento de las exportaciones a la tasa máxima que el potencial del lado de la oferta del país lo permita
· La liberalización de las importaciones constituye un elemento esencial en una política económica orientada hacia el sector externo
· Inversión Extranjera Directa, una actitud restrictiva que limite la entrada de la inversión extranjera directa es considerada una insensatez.
· Privatizaciones, que parten de la suposición de que la industria privada se administra más eficientemente que la empresa estatal.
· Desregulación para promover la competencia

LA MUNDIALIZACIÓN/GLOBALIZACIÓN A EXAMEN
Ulrich Beck se plantea qué es la globalización y cómo se puede configurar políticamente. Define globalización como un “pro­ceso que crea vínculos y espacios sociales transnacionales, revaloriza culturas locales y trae a un primer plano terceras culturas”. Este nuevo marco de relaciones exige reformular las preguntas sobre las dimensiones y las fronteras de la glo­balización, considerando los parámetros: espacio, tiempo y densidad so­cial. Por un lado, la individuación ha logrado que la sociedad pierda conciencia colectiva y se despolitice y, por otra parte, la postmodernidad ha alentado el colapso de la modernidad, la globalización económica ha consumado todo esto. Beck afirma que “El capitalismo se queda sin trabajo y produce paro”, el neoliberalismo ha quebrado la alianza histórica entre sociedad de mercado, Estado asistencial y democracia que había legitimado el Estado-nación. Pero esta decadencia empieza por una “degeneración de valores”, resultado de la desvirtuación del lenguaje y la utilización de conceptos vacíos. La globalización cuestiona un presupuesto fundamental de la primera modernidad, el denominado «nacionalismo metodológico». La globalidad rompe la unidad del Estado y sociedad nacional, estableciéndose relaciones nuevas de poder y competitividad entre Estado-nación e identidades y procesos sociales transnacionales.
Entre las ventajas de la globalización se cuentan la disminución de una situación de aislamiento experimentada por numerosos países en vías de desarrollo; la posibilidad real de un intercambio entre éstos y otros países desarrollados en un mercado internacional; la globalización ha permitido a numerosos países crecer más rápidamente que en otras épocas; también ha permitido que un número mayor de personas gocen de un mayor nivel de vida y ha brindado a un mayor número de personas el acceso a la escolarización y conocimiento.
El lado oscuro de la globalización es el ahondamiento de la diferencia entre los países ricos y los que se encuentran en vías de desarrollo; mientras que los ricos lo son cada vez más, el número de pobres ha aumentado de forma dramática a escala global. En África, los proyectos de desarrollo han chocado contra políticas mal orientadas que han precipitado en la miseria a un número creciente de población, mientras que las élites dirigentes acumulan mayores índices de riqueza. A todos esos países se les aseguró que el nuevo sistema económico les brindaría una prosperidad sin precedentes; y los resultados han enriquecido a unos pocos y han generado una pobreza mucho mayor para el resto. Por eso se acusa a la globalización de haber favorecido la hipocresía de los países ricos al permitir que éstos forzasen a los de menor desarrollo económico al eliminar las barreras comerciales a partir de una política económica que los países industrializados no estarían jamás dispuestos a aceptar. No sólo los países industrializados se niegan sistemáticamente a abrir sus mercados a los productos agrícolas originarios de los países en vías de desarrollo; sino que, además, insisten en que éstos abran sus mercados a los productos manufacturados de dichos países industrializados y continúan subsidiando sus productos agrícolas, mientras que insisten en que los países en vías de desarrollo retiren sus subsidios a sus productos manufacturados.
El problema actual se ve agravado por la entrada en la escena de los bancos en los mercados de capitales que, a menudo, han cumplido un papel desestabilizador de las economías en desarrollo. Al entrar y salir bruscamente de las bolsas locales un dinero de clara raíz especulativa, sólo con la esperanza de obtener ganancias rápidas que suelen obedecer a expectativas de devaluación o apreciación de la moneda local, deja tras de sí "divisas colapsadas y sistemas bancarios debilitados”.
Para J. Stiglitz todavía es posible promover la igualdad y el crecimiento rápido al mismo tiempo, a condición de que dicho impulso provenga de políticas más igualitarias y de la creación de nuevas empresas que potencien las exportaciones, para lo que el papel del Estado es fundamental al estimular sectores concretos y al ayudar a crear instituciones que promuevan el ahorro y a dirigir esos fondos de una manera eficiente. Aparece como imprescindible una "globalización con un rostro más humano" que implicase el cambio de las estructuras institucionales y del propio esquema mental de éstas. Para lograr esto es necesario establecer una nueva agenda que se puede resumir en los siguientes puntos:
1. Se hace evidente la necesidad de aceptar el hecho de que los flujos de capital de corto plazo imponen importantes externalidades, que se traducen en altos costes soportados por quienes no están implicados en las transacciones.
2. Es preciso realizar reformas sobre quiebras y moratorias, para inducir precaución en las inversiones en países en desarrollo.
3. Es necesario destinar menos recursos a los rescates, orientados a garantizar que los acreedores cobren más que lo que habrían cobrado en otras circunstancias.
4. La mejora de la regulación bancaria, para eliminar la exportación de la inestabilidad.
5. Se debe mejorar la gestión del riesgo producido por la volatilidad de los tipos de cambio.
6. Gestionar el riesgo inherente a los cambios económicos de manera que dicho riesgo no deba ser absorbido por los más vulnerables dentro de los países en recesión, lo que supone fomentar la capacidad de incluir programas de desempleo más efectivos.
7. Se debería regresar a los principios económicos básicos postulados en la teoría keynesiana y poner en práctica estrategias expansivas de carácter fiscal y monetario en los países en dificultades.

"Más que concentrarse en la efímera psicología de los inversores, en la impredecibilidad de la confianza, el FMI debe retornar a su mandato original de proveer financiación para restaurar la demanda en los países que afrontan una recesión económica"
La mundialización conlleva cambios que no han hecho más que empezar, como el problema del debilitamiento de las sociedades rurales tradicionales o el problema del ritmo de la integración global. De momento, para el autor la globalización actual no funciona:
"Para muchos de los pobres de la Tierra no está funcionando. Para buena parte del medio ambiente no funciona. Para la estabilidad de la economía global no funciona. La transición del comunismo a la economía de mercado ha sido gestionada tan mal que -con la excepción de China, Vietnam y unos pocos países del este de Europa- la pobreza ha crecido y los ingresos se han hundido"

LAS CRISIS ESTRUCTURALES Y AMÉRICA LATINA
La situación de América Latina y de los países sometidos a las reglas del neoliberalismo se plasma en un cuento de E. Galeano:
“Yo escuché a un cocinero que reunió a las gallinas, a los gansos, a los pavos, a los faisanes y a los patos. El cocinero les preguntaba con qué salsa querían ser comidas. Una de las aves, creo que era una humilde gallina, dijo:
-”Nosotras no queremos ser comidas de ninguna manera”.
Y el cocinero aclaró:
-”Eso está fuera de la cuestión”.
El mundo está organizado de tal manera que tenemos derecho a elegir la salsa con la que seremos comidos.


La globalización no sólo significa desloca­lización, sino que además presupone una re­localización y esto se desprende de la lógica económica. «Globalmente hablando» nadie puede producir. Las empresas que producen y comercializan sus productos «globalmente» deben desarrollar relaciones locales. «Global» significa «en muchos lugares a la vez» y, por tanto, es sinónimo de translocal. Las grandes empresas plantean sus estrategias en térmi­nos de «localización global».
Las principales instituciones responsables del desequilibrio económico, social y político a escala global son, fundamentalmente, el FMI y el Tesoro americano, que ha favorecido la situación de indefensión en la que se encuentran muchos de los países más desfavorecidos, que, en muchas ocasiones, han sucumbido al "abrazo del oso" que implica a menudo la ayuda internacional.
Ejemplos de los resultados de la mundialización se pueden observar en:
Asia, donde la globalización no ha conseguido reducir la pobreza, pero no ha favorecido su estabilidad económica. La crisis del Este Asiático de 1997 pareció arrastrar a toda la economía mundial.
Rusia y en la mayoría de economías en transición desde el comunismo, donde tampoco han producido los resultados esperados.
África permite constatar el estado de abandono en que se encuentra la mayoría de los países de ese continente.
Latinoamérica, el "corralito" argentino constituyó sólo la punta de un iceberg que podría haberse contagiado a todo el continente. Diversos ejemplos: Lula, Chávez, Kirchner, Lagos, Bachelet… parecen señales de que todavía las cosas pueden cambiar. En general, se puede decir que han hecho lo que podían dentro de las limitaciones determinadas por los poderes reales.
En el caso de Brasil, Fray Beto, expresó la situación con claridad meridiana cuando dijo de Lula que “llegó al gobierno, pero no al poder”. Lula se comprometió a pagar la deuda y contó con el apoyo de la mayor potencia mediática de Brasil “O Globo”, pero ha sido uno de estos casos de adhesiones que matan. Si Lula hubiese dicho “olvídense de la deuda, a mí me preocupa el pueblo” y hubiese utilizado los ingresos de Brasil en beneficio directo de su pueblo, los mercados financieros habrían atacado la moneda al día siguiente y, aunque Brasil es un país muy desarrollado, no hubiera podido resistirlo: el Banco Central hubiese perdido sus reservas, la divisa habría caído, el paro se hubiera disparado… Por estos motivos todos los países se ven obligados a seguir una misma lógica, la impuesta por el FMI. Noam Chomsky resume el caso de Brasil:
''Lo que ocurrió ahí es asombroso y es una lección real a las democracias occidentales... Un movimiento popular, con bases de trabajadores, los Sin Tierra y muchos otros movimientos sociales lograron superar obstáculos tremendos, una alta concentración del capital, el odio de la comunidad financiera internacional, y eligieron a su propio presidente, un tipo maravilloso, no conozco a nadie como él en Occidente''
Pero advierte:
‘‘Es verdad que Brasil está en una llave estranguladora gracias a las medidas neoliberales implementadas durante los últimos 20 años. Por lo tanto, si bien es cierto que los brasileños fueron capaces de alcanzar un triunfo increíble de la democracia, será muy difícil que hagan algo con ello, sólo por el efecto del neoliberalismo de asfixiar la democracia''. Y agrega que ''ya no es necesario dar golpes militares como en el pasado, uno puede estrangular a un país de maneras más simples''.
En opinión de Susan George, sólo Europa podría ofrecer una alternativa a este modelo, aunque Carlos Taibo opina que no existe diferencia entre el capitalismo europeo o el americano, porque después de veinte años de neoliberalismo ya no queda casi nada del modelo de bienestar europeo. Para el FMI no existe sociedad, se trata de individuos en competencia permanente, y esto queda reflejado en el art. 1.3 del Tratado por el que se establece una Constitución para Europa. El neoliberalismo se ha servido de la coartada del libre mercado para apropiarse de todo. Los datos son demoledores: cuanto más crece la globalización, mayor es la diferencia entre ricos y pobres. El objetivo de la globalización, como proyecto liberal económico, es simplemente el beneficio económico:
"Un caso ilustrativo es el de las grandes cantidades de peces capturados en las aguas frías del Pacífico sudamericano, que abastecería a los hambrientos del Tercer Mundo, si no fuera porque ofrecen mayor beneficio convirtiéndolas en piensos para el ganado productor de carne, destinada a ser consumida en los países adelantados".
Ciertamente podemos establecer la diferencia entre globalizadores, los que se benefician, y los globalizados, los que no. El año pasado las 500 sociedades transnacionales privadas controlaron el 52% del producto mundial bruto. La mundialización ha producido el efecto de unificarlas clases capitalistas en todo el mundo.
Las ganancias de algunas empresas españolas en el 2005 son lo suficientemente ilustrativas:
· Telefónica 133.000 trabajadores 133.000 millones de beneficios
· Repsol 118.000 trabajadores 117.000 millones de beneficios
· Argentaria 11.000 trabajadores 80.000 millones de beneficios
· Tabacalera 80.000 trabajadores 14.000 millones de beneficios
La especulación es el motor de la economía. En el 2004, un millón de millones cambiaron de manos al día. Se obtienen sesenta veces más beneficios de la especulación con capitales que de la compra-venta de efectivos, y no existen mecanismos de control. Como resultado aparecen los paraísos fiscales, territorios sin ley para el capital resultante de delitos, donde la plutocracia dirige a escala internacional. La existencia de estos paraísos impide, por ejemplo la instauración de la tasa Tobin, que podría contribuir a erradicar la pobreza del mundo.
La acumulación de capital exige que todo se transforme en mercancía para producir beneficios y acumulación. En esta dinámica, el servicio público parece no tener lugar. Si por ejemplo, se privatizase la sanidad pública de la UE, esto supondría cerca de tres trillones de euros. Las privatizaciones avanzan pasito a pasito, un ejemplo es el aumento de cátedras universitarias que llevan el nombre y son financiadas por multinacionales, sin que exista reacción aparente por parte de los afectados.
La imposición de políticas neoliberales durante los últimos veinte años han estado conscientemente dirigidas a eliminar “el peligro de la democracia''. Cada medida neoliberal acota la decisión popular. Si a esta comunidad no le parece bien una serie de políticas, simplemente destruye la economía de ese país, Chomsky explicó:
‘‘El libre movimiento de capital limita la capacidad de los gobiernos de realizar políticas en beneficio de su propia población, ya que es la comunidad internacional de inversionistas y acreedores la que básicamente decide qué políticas se pueden aplicar''.
La creencia en la eficiencia superior de la empresa privada ha sido un dogma de fe para Washington desde hace mucho tiempo. No obstante, la promoción de las privatizaciones en el extranjero como política oficial de EEUU data de 1985, con la promulgación del Plan Baker. El FMI y el Banco Mundial han incentivado las privatizaciones en Latinoamérica y en el resto del mundo desde entonces.
Argentina es el mejor ejemplo del plan del FMI, que es hacer negocio con la deuda. Con resultados de los planes de ajuste estructural que obliga a privatizaciones masivas de servicios y préstamos a altísimos intereses. El desastre de Argentina mostró que una paridad demasiado estricta con el dólar no resuelve tampoco los problemas cambiarios, sobre todo, a los países pequeños o a los que presentan una economía frágil. Los países desarrollados pueden sin duda absorber mejor las fluctuaciones en los mercados de capitales, y deberían ser éstos quienes deberían ayudar a los menores en forma de créditos que mitiguen esos riesgos.
En Argentina se rompió una de las reglas del capitalismo, los bancos se llevaron los depósitos de sus clientes. E incluso, todavía hoy, el gobierno ayuda a estas entidades a la devolución de lo robado a sus inversores. Fue la plasmación de los modelos económicos dominantes y constituyó la primera rebelión nacional contra el neoliberalismo. Pero el problema del lema “que se vayan todos” es que no ofrecía ninguna alternativa y nada puede destruirse si no es sustituido.

El mundo está patas arriba porque premia la corrupción y la especulación en lugar del trabajo y la creación. La esperanza es no someterse al pensamiento único que, con sus cantos de sirena y las promesas de un progreso beneficioso, busca eliminar cualquier ideología disidente, logrando la dominación intelectual y cultural, y el control económico, político y científico. Los medios de comunicación están en manos de transnacionales, que desacreditan cualquier contestación al sistema. El papel de la televisión es fabricar el olvido, porque no hace analizar y comprender los modelos. Citando a J.L. Sampedro: “lo más grave es la contaminación mental”.
La globalización puede ser una fuerza benigna. Puede ayudar a generalizar el conocimiento y el intercambio de ideas, puede contribuir a la transmisión de concepciones sobre la democracia y promover una sociedad civil más justa; y puede beneficiar a los países que, sin confiar en la noción de un mercado autorregulado, reconozcan el papel que puede cumplir el Estado en el desarrollo, y que, en consecuencia, estén en condiciones de resolver sus propios problemas.
No podrá existir ni paz, ni democracia, ni justicia mientras se tenga que pagar la deuda. Como dice E. Galeano el libre mercado es cruel y vengativo como el Dios del Antiguo Testamento. Domesticar la globalización y al G8 e introducir a los gobernantes en nuevas estructuras de eficacia y responsabilidad es la gran cuestión de nuestro siglo. Es necesario diseñar estrategias para revertir esta situación, el FMI, BM y OMC deberían estar al servicio de la sociedad y no de las transnacionales. Pervierten el sentido de la democracia que es el derecho a gobernarse y participar de la vida económica, política y cultural. Por su parte, las tesis debatidas en Porto Alegre apuntaron a que “cuanto más crece esta globalización, más ganan los ricos y peor están los pobres”, de manera que “bastaría orientar el progreso técnico hacia el interés social” para organizar otra globalización y otro mundo mejor, que resulta posible. Frente a la mundialización económica que ahonda la pobreza, José Luis Sampedro defiende la globalización de la justicia.


Ignacio Ramonet en el Foro de Porto Alegre propuso una serie de medidas para lograr una redistribución de recursos y justicia:
1. Imposición de la Tasa Tobin sobre las transacciones fiscales
2. Suprimir deuda externa en los países pobres
3. Imponer la obligación de una distribución de agua potable para toda la humanidad
4. Prohibición de los paraísos fiscales
5. Impuesto de solidaridad sobre las “megafortunas” para suprimir la pobreza
Ante un neoliberalismo homicida, suicida y ecocida, otro mundo tiene que ser posible.